Verona

Escribo desde Bruselas. Estamos a finales de Junio y el verano ni está, ni se le espera. Con esas dos notas podrán ustedes comprender que la vida se hace más agradable cuando uno recuerda sus días en Verona.

Cerrando los ojos, te puedes dejar envolver por esa luz tan característica de la ciudad, fruto de un maravilloso efecto óptico que se produce al posarse el sol sobre il rosso di Verona -la caliza rosácea local- típica de los edificios veroneses y el sabor y el tacto de un buen spritz aperol a la caída de la tarde.

¿Qué ver en Verona?

 Clásica pregunta que tiene una respuesta no menos vaga: ¡qué no ver! Siendo la segunda ciudad más próspera del Véneto después de Venecia, Verona es arte en movimiento, es civilización romana ensalzada por el gótico, el renacimiento y el barroco, es bullicio y forza italiana. La Arena, el magnífico anfiteatro romano en el que se representan anualmente las más célebres óperas; la Piazza Erbe, con sus mercadillos al aire libre y sus terrazas listas para el aperitivo de última hora de la tarde; el Castelvecchio, residencia de la poderosa familia Scaligeri, construido en el siglo XIV, que alberga hoy una de las mejores galerías de arte del Véneto; la Piazza dei Signori, rodeada de palacios unidos por soportales renacentistas y vigilada permanentemente por una escultura de Dante; el tan visitado balcón de Romeo y Julieta; el palazzo Maffei; San Zenon; el Arco dei Gavi y el corso Cavour; las mil y una callejuelas trufadas de librerías, anticuarios y algunas de las tiendas más elegantes de Italia;…

Permítanme, amén de futuros posts dedicados a otros “imprescindibles de Verona”, que me atreva a sugerir tres elementos irrenunciables de Verona:

1.- En primer lugar, un largo paseo que parte de San Zeno Maggiore, capilla del santo patrón de Verona. Es una iglesia románica del siglo XII, cuyo diseño se inspira en las antiguas salas de justicia romanas. La nave central tiene la forma de la quilla de un barco invertida y sobre el sagrario en el altar mayor, se encuentra un magnífico tríptico de Mantegna, del siglo XVI, en el que se representa a la Virgen María y el niño Jesús rodeados de diversos santos.

Desde San Zenno podemos continuar andando hasta el Castelvecchio. Como decía anteriormente, es un castillo construído en el siglo XIV por Cangrande II, uno de los miembros más importantes en la historia de la poderosísima familia Scaligeri. Al jardín central, y las vistas al río desde las almenas de las torres, se une un sinfín de armaduras, joyas, esculturas, objetos de arte romanos, la Madonna en el jardín de las rosas de Stefano Verona, pinturas de Bellini, de Paolo Veronés, y así un sinfín de obras de arte que nos recuerdan la importancia de Verona desde la época romana, hasta nuestros días.

Saliendo del Castelvecchio giramos a la izquierda para seguir nuestro paseo histórico por el Corso Cavour, en donde nos encontramos a derecha e izquierda infinidad de palacios veroneses medievales y renacentistas. El corso está delimitado por un lado por el Arco dei Gavi, un arco de triunfo romano, y la Porta dei Borsari.

Pasada la Porta dei Borsari, se puede continuar hacia la izquierda y dirigirse hacia las iglesias de San Giorgio in Braida y Sant´Anastasia. Seguir de frente y desviarse posteriormente hacia el Ponte Nuovo, desde donde hay unas magníficas vistas que ofrece la otra orilla del río Adige, formadas por bellísimos jardines, villas e iglesias. O bien, entrar ya en la Piazza dei Signori y adentrarse en el centro histórico veronés.

2.- La Arena de Verona. Roma heredó de Grecia el arte de los grandes espacios públicos. La Arena es el tercer anfiteatro más grande del mundo después del Coliseo de Roma y el anfiteatro de Capua, cerca de Nápoles. Si antaño reunía gente de toda la región del Véneto para asistir a las luchas de gladiadores, las ejecuciones públicas y otros espectáculos de la época, hoy acoge a gente de todo el mundo en los festivales de ópera, cuyas representaciones pueden ser seguidas hasta por 25.000 personas.

http://www.arena.it/en-US/HOMEen.html

3.- La Piazza Erbe. Así llamada por situarse allí el mercado medieval de hierbas aromáticas. Es una plaza no muy grande, rodeada de galerías de arte, tiendas de moda y unas terrazas que recomponen alma y cuerpo. Al sol, en una de esas mesas italianas con mantel de cuadros, enfrentados a unos spritz aperol y un aperitivo italiano previo a la cena, el mundo pasa y uno es feliz de participar de tan hermosa creación. Un paseo por Verona es un paseo por la Historia de la civilización occidental. Uno se siente pequeño entre tanta genialidad. Y grande al ser un eslabón más de tan prolífica cadena.

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